LAS AFINIDADES ELECTIVAS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)
Es muy cierto que no todo es peor con los años cronológicos, claro que con los años se empieza a sentir algún deterioro de la salud física o psíquica, casi todo lo que algún día fue ímpetu desbocado y fortaleza física, se desgasta, va encontrando su cauce, se va delineando dentro de un esquema de madurez, se va pausando para bien el arrebato, se va asimilando inmejorablemente casi todo, hasta las vergüenzas propias de la edad del pavo van pasando inadvertidamente hacia un estado más relajado y templado de tomarse las cosas, el sentido del humor está mucho más presente que antaño, lo cual denota despreocupación y relajamiento, ya nada parece tan tremendo, excepto muy pocas cosas que lo ameriten de verdad, por lo demás creo yo, es inmejorable el estado de satisfacciones internas a las que se va llegando con los años. Se dice que se adquiere mayor sabiduría con el paso del tiempo y la premisa tiene su gran parte de verdad, pues no sólo el saber estar y lograr tomarse las cosas con calma, son los atributos de los años, sino que gracias a tranquilas y serenas reflexiones, se puede llegar muy lejos, se puede aprender más y mejor, es posible asimilar con cierta paciencia y razonamiento las cosas.
Si alguna vez fuimos coleccionistas de algo, libros, discos, películas, amistades, caprichos, revistas, y hasta de amores (no encajo en este esquema, pero supongo la generalidad es la norma), con el transcurrir del tiempo vamos descubriendo que lo que nos nutre no está en la cantidad, sino más bien en la calidad de las cosas que realmente nos llenan la vida, de las cosas o personas que nos aportan de verdad y nos son gratas, nos dan mas felicidad, más energías y con las cuales nos sentimos más llenos y mejor, en cualquier caso de los amigos de antes, siempre nos quedan menos, pasan con el transcurrir del tiempo como a través de una criba sin sentirlo, sin saberlo, sin proponerlo y al cabo de un tiempo, hasta podemos llegar a sentirnos más solos con nosotros mismos. Todos los estados son buenos. ¡Bienvenido sea un encuentro interior con nosotros mismo!. Como casi nada ocurre al azar y todo parece obedecer a un plan perfecto, a un proceso de nuestro destino, que tarde o temprano nos iba a llegar, encontrarnos o no, con X o con Y, con sensaciones de pérdida y nostalgias por el pasado, no suframos ya, simplemente vivámoslo, aceptémoslo, sepamos atravesar las fases, que como se diría optimistamente: “No hay mal que por bien no venga”, mientras nos sea posible experimentar y procurar entender por y para qué estamos en este mundo.
Nuestra felicidad no va depender de nuestros amigos, vecinos o amores, aunque pareciera que sí, creo que nuestra felicidad sólo va a depender de nosotros mismos, ellos, los amigos (as), amores, encajarán mejor o peor en nuestro entorno, aportándonos o no, lo que de bueno precisemos, lo que de calidad nos otorguen a nuestro bienestar, el no encajar con ciertos patrones, cosas o personas, simplemente nos lleva a conocer y saber más sobre nosotros mismos, a adentrarnos en el trabajo interior que no termina nunca y para el cual el tiempo siempre será breve, escaso e insuficiente. ¿Hemos pensado acaso alguna vez en nuestra Divinidad Interna?, ¿en los siglos que habrá aguardado silenciosamente el momento de hablarnos y susurrarnos las cosas que nos quiere decir?, ¿en el silencio, el trabajo, y el tiempo de prepararnos para ese encuentro con nuestro Interior?, ¿en la real magnificencia de un hecho así?. Esto creo yo, está íntimamente ligado a nuestra felicidad interior, a nuestro grado de satisfacciones más profundas, más verdaderas, que nos conecten con porciones de nuestra alma, sabiendo que está llena de sapiencia y es portadora de un antiguo poder, que emana de la fuente misma de la creación y aunque creamos lo contrario, nos conoce muchísimo mejor que nadie en esta vida, porque ha viajado con nosotros por todos los senderos, porque nos ha salvado y ayudado, sin siquiera apercibirnos de su magia, de su mano dadivosa en incontables ocasiones, quizás, vida tras vida, minuto a minuto, cual dulce ductriz nos ha guiado, nos ha conducido de la mano invisiblemente, nos ha socorrido y nos ha calmado de tormentas impensadas, trocando nuestras vicisitudes en momentos calmos y más felices.
Creo necesariamente en la sincronía universal y perfecta de esa gran mano guía que nos acompaña en todo momento, creo por la necesidad de no sentirme perdida, abandonada e ignorada de un Dios indiferente, que quiso que existiera y fuera muy conciente de su perfección y sus bellezas paradisíacas; aunque repetidas veces haya creído estar inmersa en un mundo de Satán, en medio de una gran desolación, con una gran y desesperante sensación de indiferencia, echada a un mundo doloroso y cruel y lo peor, ya sin remedio, purgando mis pecados, expiando mis culpas ya inconcientes y desconocidas ahora, en esta mi existencia, pagando con saña la sin razón de mis torpezas antiguas, posiblemente de otras vidas, a ingentes seres ahora desconocidos para mi, y con quienes tal vez debo volver a tropezar, para entregarles lo mejor de mi, para saldar mis cuentas y seguir creciendo en el camino del alma, que permanece invariablemente en la retrospectiva y en el mundo afín de los espejos, por el cual se definió mi senda, aún antes de llegar a aquí.
Barcelona, 09 de octubre de 2009.
Es muy cierto que no todo es peor con los años cronológicos, claro que con los años se empieza a sentir algún deterioro de la salud física o psíquica, casi todo lo que algún día fue ímpetu desbocado y fortaleza física, se desgasta, va encontrando su cauce, se va delineando dentro de un esquema de madurez, se va pausando para bien el arrebato, se va asimilando inmejorablemente casi todo, hasta las vergüenzas propias de la edad del pavo van pasando inadvertidamente hacia un estado más relajado y templado de tomarse las cosas, el sentido del humor está mucho más presente que antaño, lo cual denota despreocupación y relajamiento, ya nada parece tan tremendo, excepto muy pocas cosas que lo ameriten de verdad, por lo demás creo yo, es inmejorable el estado de satisfacciones internas a las que se va llegando con los años. Se dice que se adquiere mayor sabiduría con el paso del tiempo y la premisa tiene su gran parte de verdad, pues no sólo el saber estar y lograr tomarse las cosas con calma, son los atributos de los años, sino que gracias a tranquilas y serenas reflexiones, se puede llegar muy lejos, se puede aprender más y mejor, es posible asimilar con cierta paciencia y razonamiento las cosas.
Si alguna vez fuimos coleccionistas de algo, libros, discos, películas, amistades, caprichos, revistas, y hasta de amores (no encajo en este esquema, pero supongo la generalidad es la norma), con el transcurrir del tiempo vamos descubriendo que lo que nos nutre no está en la cantidad, sino más bien en la calidad de las cosas que realmente nos llenan la vida, de las cosas o personas que nos aportan de verdad y nos son gratas, nos dan mas felicidad, más energías y con las cuales nos sentimos más llenos y mejor, en cualquier caso de los amigos de antes, siempre nos quedan menos, pasan con el transcurrir del tiempo como a través de una criba sin sentirlo, sin saberlo, sin proponerlo y al cabo de un tiempo, hasta podemos llegar a sentirnos más solos con nosotros mismos. Todos los estados son buenos. ¡Bienvenido sea un encuentro interior con nosotros mismo!. Como casi nada ocurre al azar y todo parece obedecer a un plan perfecto, a un proceso de nuestro destino, que tarde o temprano nos iba a llegar, encontrarnos o no, con X o con Y, con sensaciones de pérdida y nostalgias por el pasado, no suframos ya, simplemente vivámoslo, aceptémoslo, sepamos atravesar las fases, que como se diría optimistamente: “No hay mal que por bien no venga”, mientras nos sea posible experimentar y procurar entender por y para qué estamos en este mundo.
Nuestra felicidad no va depender de nuestros amigos, vecinos o amores, aunque pareciera que sí, creo que nuestra felicidad sólo va a depender de nosotros mismos, ellos, los amigos (as), amores, encajarán mejor o peor en nuestro entorno, aportándonos o no, lo que de bueno precisemos, lo que de calidad nos otorguen a nuestro bienestar, el no encajar con ciertos patrones, cosas o personas, simplemente nos lleva a conocer y saber más sobre nosotros mismos, a adentrarnos en el trabajo interior que no termina nunca y para el cual el tiempo siempre será breve, escaso e insuficiente. ¿Hemos pensado acaso alguna vez en nuestra Divinidad Interna?, ¿en los siglos que habrá aguardado silenciosamente el momento de hablarnos y susurrarnos las cosas que nos quiere decir?, ¿en el silencio, el trabajo, y el tiempo de prepararnos para ese encuentro con nuestro Interior?, ¿en la real magnificencia de un hecho así?. Esto creo yo, está íntimamente ligado a nuestra felicidad interior, a nuestro grado de satisfacciones más profundas, más verdaderas, que nos conecten con porciones de nuestra alma, sabiendo que está llena de sapiencia y es portadora de un antiguo poder, que emana de la fuente misma de la creación y aunque creamos lo contrario, nos conoce muchísimo mejor que nadie en esta vida, porque ha viajado con nosotros por todos los senderos, porque nos ha salvado y ayudado, sin siquiera apercibirnos de su magia, de su mano dadivosa en incontables ocasiones, quizás, vida tras vida, minuto a minuto, cual dulce ductriz nos ha guiado, nos ha conducido de la mano invisiblemente, nos ha socorrido y nos ha calmado de tormentas impensadas, trocando nuestras vicisitudes en momentos calmos y más felices.
Creo necesariamente en la sincronía universal y perfecta de esa gran mano guía que nos acompaña en todo momento, creo por la necesidad de no sentirme perdida, abandonada e ignorada de un Dios indiferente, que quiso que existiera y fuera muy conciente de su perfección y sus bellezas paradisíacas; aunque repetidas veces haya creído estar inmersa en un mundo de Satán, en medio de una gran desolación, con una gran y desesperante sensación de indiferencia, echada a un mundo doloroso y cruel y lo peor, ya sin remedio, purgando mis pecados, expiando mis culpas ya inconcientes y desconocidas ahora, en esta mi existencia, pagando con saña la sin razón de mis torpezas antiguas, posiblemente de otras vidas, a ingentes seres ahora desconocidos para mi, y con quienes tal vez debo volver a tropezar, para entregarles lo mejor de mi, para saldar mis cuentas y seguir creciendo en el camino del alma, que permanece invariablemente en la retrospectiva y en el mundo afín de los espejos, por el cual se definió mi senda, aún antes de llegar a aquí.
Barcelona, 09 de octubre de 2009.